lunes, 25 de marzo de 2019

¿Y AHORA QUÉ?



Ahí está. La pregunta inevitable. Apenas tres puñeteras palabras que han empezado a martillear mi cabeza desde que, hace un rato, he puesto el punto y final a mi historia.



“¿Y ahora qué?”, me pregunto, mientras contemplo aturdido las huellas de la batalla.



En fin, supongo que habrá que hacer algo con la novela. Darle la oportunidad de que, ahí fuera, alguien quiera darle una oportunidad. Pero no es fácil. A día de hoy, se podrían contar con los dedos de un hipodactílico las personas que saben que escribo. Tampoco facilita las cosas las características particulares de la novela, que limitan considerablemente el número de editoriales en las que probar suerte. De modo que…

Un amigo escritor, experto en estos trances, me ha contado que el duelo al concluir una novela puede ser terrible. En mi caso, lo que estoy sintiendo es un profundo alivio. No sé… He necesitado media vida para terminar una historia que cualquiera con un mínimo de talento habría finiquitado en seis meses (y, seguramente, con mejor resultado). Con sinceridad, desconozco qué será de estas 255 páginas en un futuro. Sé que intentaré hacer todo lo que humana y éticamente esté en mis manos por ellas. Entretanto, mientras algo o nada sucede, solo puedo decir:

“¡Que pase la siguiente!”.

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