domingo, 21 de febrero de 2016

DECONSTRUYENDO "ÁGAPE SE PAGA". POR J. M. CHILABERT


Que el poeta y narrador cordobés J.M. Chilabert es un caso anómalo y digno de estudio dentro del actual panorama literario nacional, es algo que ya hemos expresado aquí en repetidas ocasiones. Basta con echar un vistazo a la larga entrevista que nos concedió en Córdoba, en abril de 2012 (para leer, pinchar aquí -1ª parte- y aquí -2ª parte-), o leer una muestra de su obra, que seguro servirá al lector curioso para hacerse una idea de por dónde transitan los derroteros estilísticos de este singular autor andaluz (para leer algunos fragmentos de su trabajo, pinchar aquí -selección poética-, aquí -dos poemas- y aquí -reseña-). 

En esta ocasión, Chilabert nos ha vuelto a sorprender con una curiosa poetización de "Ágape se paga", uno de los libros más conocidos del escritor estadounidense William Gaddis. Según el propio autor (con el que hemos mantenido una breve conversación telefónica), todo comenzó de una manera casual, apenas un segundo después de adquirir este libro en una librería de segunda mano de Málaga. "Todo el ejemplar estaba profusamente subrayado a lápiz por el anterior propietario", nos cuenta, "pero era como si en lugar de querer señalar lo importante, esta persona estuviera invitando a los futuros lectores a realizar una lectura personal y alternativa de esta breve novela".


Y eso es precisamente lo que ha hecho J. M. Chilabert: despojar las escasas setenta páginas de "Ágape se paga" de cuanto no quedó subrayado por su anterior dueño. El resultado es un poemario intenso y desconcertante (todavía sin título) del que hoy les ofrecemos algunos poemas. Juzguen ustedes el resultado:


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La entropía que todo lo anega                                                                    
y convierte al artista creativo en un mono de feria,                                 
pues no estar loco es tan sólo otra forma de locura.                              

(páginas 33 y 34)

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¿Somos lo que de nosotros hacen nuestras madres?                          
Casi la totalidad de los seres humanos son escoria,                             
y jugar a las chapas vale tanto como la poesía                                       
si la cantidad de placer que proporciona es la misma.                            

(páginas 34 y 35)

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Es ahí donde empezó todo
y es ahí donde todo termina.
Aquello que no tiene utilidad
ni verdad,
que no entraña un bien apreciable,
ni tampoco un mal perceptible.

(página 37)

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¿Cómo disfrutar del arte sin artista?
De eso se trata, ¿sí o no?
Poner la cosa en orden,
organizar lo esencial
y tirar todo lo que sobra.

(páginas 41 y 42)

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Soy el otro.
Yo no he existido.

El placer es
en todas las circunstancias
pernicioso.

(páginas 46 a 50)



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(Páginas 41 y 42)
(Páginas 34 y 35)

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