viernes, 3 de julio de 2015

"PÓRTATE BIEN", DE NOAH CICERO

        “Pórtate bien” es, si no me equivoco, la única novela publicada en español del escritor estadounidense Noah Cicero (1980), quien a pesar de su juventud acumula ya más de media docena de libros. Está publicada por “PálidoFuego”, una editorial malagueña que me está obligando a realizar desde su creación complicados ajustes para lograr cuadrar mi maltrecha economía familiar. La traducción es de Teresa Lanero.

Más allá de estas 222 páginas, creo que solo pueden encontrarse en español unos poemas de Noah Cicero incluidos en VOMIT, una interesante antología de la nueva poesía norteamericana que publicó el año pasado El Gaviero. 

Noah Cicero está considerado uno de los miembros más influyentes de la llamada Alt Lit (Alternative Literature), y sus obras constituyen una crítica directa a la sociedad capitalista y a sus efectos devastadores entre los más desfavorecidos. 

No en vano, Cicero es originario de Youngstown (Ohio), una ciudad de unos 65 mil habitantes que inició un profundo proceso de decadencia a finales de los setenta, a raíz del cierre de las fundidoras de acero, y que la llevó en 2013 a ser considerada por la revista Forbes como una de las 20 ciudades más miserables de Estados Unidos.


Tal y como figura en la contraportada del libro, “Pórtate bien” es el retrato de “la generación de jóvenes desheredados del sistema social”, una juventud “marcada por el aburrimiento y alimentada a base de comida rápida, sin estatus ni dinero, licenciados universitarios que van saltando de un contrato basura a otro en un mercado laboral inhumano”.

Creo que sobra decir que estoy disfrutando mucho con este libro, y que recomiendo encarecidamente su lectura. Dejo a continuación la primera página de la Introducción, así como un fragmento escogido al azar (página 83).



Durante toda una semana de enero de 2009 estuve yendo al Waffle House con una bolsa llena de literatura clásica. Bebía café y comía lo mismo todas las noches. Me tomaba un gofre, dos empanadillas de salchicha, dos huevos fritos y gachas de maíz. A las gachas les ponía mantequilla y azúcar.

            Los libros que llevaba conmigo eran Fiesta, de Ernest Hemingway, El gran Gatsby, de F. Scott Fitzgerald, En el camino, de Jack Kerouac, El almuerzo desnudo, de William Burroughs, Los desnudos y los muertos, de Norman Mailer, Vía revolucionaria, de Richard Yates, La campana de cristal,  de Sylvia Plath, Alguien voló sobre el nido del cuco, de Ken Kesey, Miedo y asco en Las Vegas, de Hunter S. Thompson, La pesca de la trucha en América, de Richard Brautugan, A sangre fría, de Truman Capote, Las leyes de la atracción, de Bret Easton Ellis, y Luces de neón, de Jay McInerney.

Aparecía por el Waffle House que hay cerca de la Interestatal 80 en Hubbard a las doce y media de la noche y colocaba los libros sobre la mesa.

La camarera me preguntaba:

Noah, ¿qué estás haciendo?

Y yo contestaba:

Llevo a cabo una investigación importante.

Yo quería escribir un libro. Un libro que definiese una generación. No sé por qué quería hacerlo. Probablemente por aburrimiento. En ocasiones las personas se aburren y les da por pensar que estaría bien entretenerse escribiendo una novela definitoria de una generación.

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La Norteamérica burguesa no disfrutaba con esa gente, los macarras. Éstos deshonraban el Sueño Americano de trabajo duro y ambición. A mí no me molestaban. Había conocido a muchos macarras a lo largo de los años. Llevaban vidas de mierda. Habían crecido en viviendas de protección oficial, probablemente con madres enganchadas al crack, sin figura paterna alguna salvo los hombres esporádicos que se tiraban a sus madres. Iban a colegios abarrotados y se criaban sin un parque donde jugar, sin las comodidades de los barrios residenciales. Al final aquello se les quedaba pequeño. Al final dejaban de cantar en las estaciones de autobuses, se subían los pantalones y conseguían trabajos como todo el mundo. Los macarras no provocaron la guerra de Afganistán ni la de Irak; no eran la causa de que el Dow Jones cayera cuatro mil puntos.



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Puedes leer un fragmento del libro pinchando aquí.

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