domingo, 6 de octubre de 2013

DOOMED

Aparecen de vez en cuando. Historias que nos muestran el lado más oscuro y despreciable del ser humano. La última de ellas ha tenido como escenario Conigli, un islote situado a escasos metros de Lampedusa. Cientos de personas acaban de perder la vida allí ante la indiferencia de numerosos pescadores, que decidieron seguir faenando antes que socorrer a una embarcación abarrotada de inmigrantes que ardía a la deriva.



Como digo, es la última historia. Pero no la única. Escribo esto y me viene a la cabeza un accidente de avión que hubo el año pasado en Nigeria. En las imágenes de la catástrofe se aprecian los restos de la aeronave empotrados contra un edificio de un barrio residencial de Laos. Fallecieron más de 150 personas, pero muchos de los allí presentes, en lugar de socorrer a las víctimas, se dedicaron a grabar la tragedia con sus móviles. 




Algo parecido sucedió en el metro de Nueva York, en diciembre de 2012, cuando un hombre fue empujado a las vías del metro y arrollado por este, ante la mirada impasible de decenas de viajeros y de un fotógrafo del New York Post, que inmortalizó la miseria humana (y la propia) en una portada que dio la vuelta al mundo.



Suficiente.

Estas tres historias son sólo una pequeña muestra de lo que somos capaces las personas. Y aunque hay días que los periódicos traen noticias que me hacen mantener la cautela (e incluso la ilusión), hoy no puedo sentir una punzada de asco perforándome el estómago. 

No hay comentarios: