sábado, 6 de abril de 2013

DE ESCRACHES Y PANTALLAS DE PLASMA


Así, de entrada, cualquiera puede estar en contra del escrache. Yo, por ejemplo, lo podría estar desde que leí “La mala hora” de García Márquez hace veinte años, y entre sus páginas descubrí un Macondo carcomido por el odio y el rencor que finalmente salta por los aires una mañana, cuando las paredes de muchas casas amanecen empapeladas con pasquines que airean los secretos y vergüenzas de sus propietarios. La diferencia es que hoy, en España, los ciudadanos que se concentran frente a la residencia de algunos políticos no lo hacen para proclamar sus infidelidades o desvelar turbios secretos familiares, sino porque se encuentran (en muchos casos, literalmente) desprotegidos y en la calle. 

No deberíamos olvidar que las personas que hoy hacen escrache, y que están siendo (des)calificadas por numerosos políticos como subversivos y filoterroristas (1) son ciudadanos que, en muchos casos, han agotado todas las vías legales posibles para que su voz sea, simplemente, escuchada. Resumiendo: 

Nadie les ha hecho ni puto caso. 

Isaac Rosa lo resume perfectamente, en un artículo publicado en el eldiario.es el pasado 25 de marzo:

“Los antidesahucios no han empezado por los escraches, sino que antes de llegar hasta aquí han ido subiendo todos los escalones previos: confianza en el sistema (que los dejó tirados), denuncias en los juzgados (pero la ley hipotecaria los desamparaba judicialmente), peticiones a los gobernantes (oídos sordos), manifestaciones (ignoradas o reprimidas), paralización de desahucios (recibiendo a cambio más policía), recogida de firmas y presentación de una ILP (2) (que el PP se resistió a admitir a trámite, y piensa rechazar), y ahora, después de consumir todos los cartuchos anteriores, el escrache”. (3)

Por todo esto, tal vez el escrache sea hoy una fórmula perfectamente válida de protesta para quienes no tienen ya otra forma de oponerse al poder que los oprime (y los exprime). Y sí, no dudo que tener debajo de la ventana de tu casa a un grupo de personas increpándote o dándole a una cacerola con una cuchara puede joder y perturbar mucho tu armonía familiar. Pero para eso lo hacen, ¿no? 

Coñas aparte, no deja de ser paradójico que aquellos que censuran el escrache como una fórmula inadecuada de expresión ciudadana sean los mismos que llevan más de un año dando la espalda a la población, hasta el punto de comunicarse con ella a través de una pantalla de plasma. Por lo demás, no entiendo por qué nuestro gobierno se muestra tan alarmado. Después de todo, tal y como afirma Ted C. Lewellen: ”A pesar de que el Estado reclama el monopolio sobre el uso legítimo de la fuerza, si el poder se define como la capacidad de afectar a las decisiones y las acciones de otros, entonces existen muchas formas de poder a disposición de las personas por debajo de la jerarquía estatal” (4). Una de esas formas de poder ciudadano es el escrache, pero no es la única. Así, a bote pronto, me vienen a la mente algunos ejemplos de resistencia campesina pacífica, en la que los campesinos han combatido la explotación a la que estaban sometidos por medio del hurto, la difamación o los pequeños sabotajes. 

En fin… Tal vez suene demagógico, pero prefiero un grupo de ciudadanos indignados haciendo escrache a las puertas de la casa de un político inepto que a una persona desesperada tirándose al vacío desde el balcón del piso que van a arrebatarle, o quemándose a lo bonzo ante la indiferencia de quienes deberían de haberlo protegido. 


NOTAS:

(1): Un ejemplo de esto lo encontramos en las recientes declaraciones de Antonio Basagoiti, presidente del Partido Popular vasco, donde afirma que “los antidesahucios protestan de manera clavadita a los del mundo de ETA” (aquí). O en las de Cristina Cifuentes, Delegada del Gobierno en Madrid, en las cuales vincula a los miembros de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) con grupos filoterroristas (aquí). 

(2): Iniciativa Legislativa Popular.

(3): "El escrache es ilegal, violento y yo no querría sufrirlo, vale, ¿y qué?.  ISAAC ROSA. Eldiario.es, 25 de marzo de 2013 (aquí).

(4): LEWELLEN, TED (2009): "Introducción a la Antropología Política". Ed. Bellaterra. Barcelona. 3ª edición. (páginas 159-160).

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