domingo, 21 de abril de 2013

UN TESORO EN MIS MANOS

Ya lo decía el otro día, que a veces los sueños se cumplen. Deambulas sin éxito durante años por todas las librerías de viejo que conoces en busca de un puñado minúsculo de títulos, tan difíciles de conseguir que parecen más bien fruto de tu imaginación o de alguna romántica leyenda. Y, de repente, cuando menos lo esperas, te topas con uno de ellos. Mi último encuentro ha sido cibernético. No es lo mismo, pero la emoción, te lo aseguro, ha sido indescriptible.



Después de todo, para un antropólogo esto es lo más parecido a encontrar un tesoro.

jueves, 18 de abril de 2013

LECTURAS EN EL BAÑO (ABRIL 2013)

Leer puede convertirse a veces en una espiral interminable, en un cúmulo de libros amontonados en el lavabo de tu cuarto de baño que no hace sino aumentar cada día que pasa. Consciente de ello, no hay año que no estrene reviviendo un mismo y ya viejo propósito: leer los libros de uno en uno.

Y lo cierto es que suelo empezar siempre muy bien. Enero va pasando y los libros se suceden en orden, sin agolparse, mientras mi mente hace gala de una disciplina y buena fe sorprendentes (1). 

Sin embargo, como dicen por aquí: “arrancada de caballo, parada de burro”.  Supongo que todo es consecuencia de la nefasta organización de mi tiempo libre, unido a las ansias por leer la montaña enorme de libros que he ido acumulando durante estos últimos años, pero el caso es que mis buenos propósitos se empiezan a torcer un día cualquiera y cuando quiero darme cuenta tengo otra vez seis u ocho libros apilados en el lavabo de mi cuarto de baño.


La mayoría de las veces esto no constituye un problema. Voy saltando de un libro a otro y más tarde que pronto acaban cayendo todos. En ocasiones, no obstante, sucede que la última historia en llegar empieza a acapararlo todo, y entonces mi mundo se comprime y reduce a la consecución de un objetivo básico: buscar como un politoxicómano desesperado un cuarto de hora, un minuto, diez putos segundos con los que arañar un par de renglones más de esa historia que me tiene comido el coco. Cosas así, claro, no pasan todos los días. De hecho, casi nunca pasan. A mí sólo me ocurre cuando, por ejemplo, releo “Historia de Mayta”. 


O “El extranjero”. 



O “Boquitas pintadas”. 


También cuando, de higos a brevas, me topo con “joyas” como “Knockemstiff”, “Residuos” o “Postales de invierno”.


Pero, sobre todo, y entenderás esto perfectamente si has leído algunas de las entradas anteriores, me pasa cuando leo a Luis Landero. 


Como ya he dicho, esta absurda pretensión por querer leerlo todo y querer leerlo ya debe tener su origen en la intensa privación lectora sufrida durante estos últimos años, en los que la literatura se ha mantenido en mi vida en un discreto segundo plano. Algo parecido me ocurre con el acto físico de adquirir libros. Condenado a buscarlos desde hace años por internet, y asqueado cada vez que piso una librería de Ciudad Real o, más recientemente, Córdoba (donde, sin excepción, podría haber quemado todos los libros expuestos en el escaparate sin que se hubiera cometido el más mínimo perjuicio a la Literatura), la verdad es que echo mucho de menos poder poner los pies en una librería de viejo. No sé… entrar en Códice, Abadía, Biblos (dios sabe si alguna de ellas seguirá todavía existiendo) y sentir el bofetón del papel viejo destrozando mis bronquios de asmático, dejar pasar las horas entre sus estanterías y mancharme los dedos de polvo, a la caza de alguno de esos libros que llevo años buscando infructuosamente. 

(Como “Cerdos para los antepasados”, de Rappaport, que estuve buscando no sé cuantos años…)

Llámame loco, pero tal vez por eso (como un inocente y burdo mecanismo de compensación) me descubro a veces observando mi pequeña biblioteca desde el comedor, como si vista desde allí fuera una de esas librerías de viejo que tanto frecuenté en el pasado, y que con infinito tesón y paciencia fui desvalijando para construir la mía (2) .



NOTAS

(1)  Sólo de ese modo puede explicarse que los Reyes me sorprendieran este año dando cuenta de “Robar en American Apparel”, un insulso e infumable bodrio que por momentos me hizo barajar la idea del suicidio por sobredosis apática)

(2)  Metafóricamente hablando, se entiende…

sábado, 6 de abril de 2013

DE ESCRACHES Y PANTALLAS DE PLASMA


Así, de entrada, cualquiera puede estar en contra del escrache. Yo, por ejemplo, lo podría estar desde que leí “La mala hora” de García Márquez hace veinte años, y entre sus páginas descubrí un Macondo carcomido por el odio y el rencor que finalmente salta por los aires una mañana, cuando las paredes de muchas casas amanecen empapeladas con pasquines que airean los secretos y vergüenzas de sus propietarios. La diferencia es que hoy, en España, los ciudadanos que se concentran frente a la residencia de algunos políticos no lo hacen para proclamar sus infidelidades o desvelar turbios secretos familiares, sino porque se encuentran (en muchos casos, literalmente) desprotegidos y en la calle. 

No deberíamos olvidar que las personas que hoy hacen escrache, y que están siendo (des)calificadas por numerosos políticos como subversivos y filoterroristas (1) son ciudadanos que, en muchos casos, han agotado todas las vías legales posibles para que su voz sea, simplemente, escuchada. Resumiendo: 

Nadie les ha hecho ni puto caso. 

Isaac Rosa lo resume perfectamente, en un artículo publicado en el eldiario.es el pasado 25 de marzo:

“Los antidesahucios no han empezado por los escraches, sino que antes de llegar hasta aquí han ido subiendo todos los escalones previos: confianza en el sistema (que los dejó tirados), denuncias en los juzgados (pero la ley hipotecaria los desamparaba judicialmente), peticiones a los gobernantes (oídos sordos), manifestaciones (ignoradas o reprimidas), paralización de desahucios (recibiendo a cambio más policía), recogida de firmas y presentación de una ILP (2) (que el PP se resistió a admitir a trámite, y piensa rechazar), y ahora, después de consumir todos los cartuchos anteriores, el escrache”. (3)

Por todo esto, tal vez el escrache sea hoy una fórmula perfectamente válida de protesta para quienes no tienen ya otra forma de oponerse al poder que los oprime (y los exprime). Y sí, no dudo que tener debajo de la ventana de tu casa a un grupo de personas increpándote o dándole a una cacerola con una cuchara puede joder y perturbar mucho tu armonía familiar. Pero para eso lo hacen, ¿no? 

Coñas aparte, no deja de ser paradójico que aquellos que censuran el escrache como una fórmula inadecuada de expresión ciudadana sean los mismos que llevan más de un año dando la espalda a la población, hasta el punto de comunicarse con ella a través de una pantalla de plasma. Por lo demás, no entiendo por qué nuestro gobierno se muestra tan alarmado. Después de todo, tal y como afirma Ted C. Lewellen: ”A pesar de que el Estado reclama el monopolio sobre el uso legítimo de la fuerza, si el poder se define como la capacidad de afectar a las decisiones y las acciones de otros, entonces existen muchas formas de poder a disposición de las personas por debajo de la jerarquía estatal” (4). Una de esas formas de poder ciudadano es el escrache, pero no es la única. Así, a bote pronto, me vienen a la mente algunos ejemplos de resistencia campesina pacífica, en la que los campesinos han combatido la explotación a la que estaban sometidos por medio del hurto, la difamación o los pequeños sabotajes. 

En fin… Tal vez suene demagógico, pero prefiero un grupo de ciudadanos indignados haciendo escrache a las puertas de la casa de un político inepto que a una persona desesperada tirándose al vacío desde el balcón del piso que van a arrebatarle, o quemándose a lo bonzo ante la indiferencia de quienes deberían de haberlo protegido. 


NOTAS:

(1): Un ejemplo de esto lo encontramos en las recientes declaraciones de Antonio Basagoiti, presidente del Partido Popular vasco, donde afirma que “los antidesahucios protestan de manera clavadita a los del mundo de ETA” (aquí). O en las de Cristina Cifuentes, Delegada del Gobierno en Madrid, en las cuales vincula a los miembros de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) con grupos filoterroristas (aquí). 

(2): Iniciativa Legislativa Popular.

(3): "El escrache es ilegal, violento y yo no querría sufrirlo, vale, ¿y qué?.  ISAAC ROSA. Eldiario.es, 25 de marzo de 2013 (aquí).

(4): LEWELLEN, TED (2009): "Introducción a la Antropología Política". Ed. Bellaterra. Barcelona. 3ª edición. (páginas 159-160).