viernes, 8 de marzo de 2013

NO HAY CARICIA... (*)


Lo echaba de menos. 

Tumbarme en el sofá por la noche, con un puñado de libros al lado, y dejar pasar las horas escurriéndome de uno a otro como un amante infiel y voraz. 

Como ahora. 

Aunque solo sea para constatar una vez más que la literatura es un territorio inmenso e inabarcable, donde aún es posible descubrir a autores como Julian Barnes cuando todavía revolotean en tu mente dos versos abandonados de un poema de Alfonso Armada o de Siri Hustvedt. Donde beber a tragos cortos una entrevista a Foster Wallace, mezclada con un cuento de Miljenko Jergović, que te ayuden a olvidar ese cúmulo de pequeñas decepciones que conforman tu mediocre y gris existencia. Donde adentrarse en la madrugada sin más víveres ni equipaje que algún libro robado de Luis Landero. 

Todo lo demás, en esos momentos, me sobra.


(*) “No hay caricia que supla/el calor del latido”, versos finales de La muerte, incluido en “Los temporales”, de Alfonso Armada.

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