martes, 26 de febrero de 2013

UNA SIMULACIÓN EN DIFERIDO


El contenido del vídeo es tan ilustrativo y brutal que pensé colgarlo en el blog sin añadir comentario alguno. A lo sumo una oración, apenas un tuit para introducir esa lección magistral de lenguaje corporal aplicado al engaño que nos brinda su protagonista.

En un primer instante pensé en comenzar la presentación del vídeo con un “Hay que haber tragado lo indecible para…”. Luego, mientras lo escribía, pensé que tal vez sería más acertado empezarlo con un “Hay que haber pasado por encima de mucha gente para...”. Finalmente (supongo que porque uno lleva ya mucho tiempo cansado de ver a demasiados tontos y sinvergüenzas que siempre acaban saliéndose con la suya y yéndose de rositas) he decidido arrancar con un “Hay que ser muy hija de puta para…”.
Total que, aclarado esto, la cosa quedaría así:
Hay que ser muy hija de puta para salir por la tele a soltar una mentira tras otra y conciliar luego el sueño como si nada.
Y aquí debería haber acabado esta entrada.

No obstante, leo y releo estas dos líneas y veo que cualquiera de los tres inicios propuestos arriba no son excluyentes, sino que se complementan. Cada uno a su manera contribuye al establecimiento de un tipo de personalidad psicopática que encaja perfectamente en el perfil de esta mujer, cuya variedad de registros patológicos no hace sino aumentar cada vez que abre la boca. He dicho psicópata y esta es una sospecha que sostengo desde hace años, cuando la vi por primera vez en televisión. Esa ausencia total de culpa en la mirada, ese encogimiento extremo de los remordimientos que pude vislumbrar en sus gestos (las contadas ocasiones en que su cuerpo abandonó su habitual estado de alerta), fueron los detonantes que me animaron a seguirle la pista y adentrarme con ella en ese fascinante y esquizofrénico mundo al revés que habita, donde no es el mentiroso que acusa y calumnia quien debe argumentar la veracidad de sus ofensas, sino el inocente el que tiene que demostrar que tiene las manos limpias.
Creo que un vídeo como el que hoy centra nuestra atención es la prueba palpable de la perversión del significado que algunas/muchas personas (que nos gobiernan) atribuyen a palabras como ética u honor. O vergüenza.
Personas que cuando se dirigen a nosotros lo hacen pensando que somos gilipollas.
Conscientes de que nos están mintiendo.
De hecho, ya ni se esfuerzan en ocultarlo.
La pregunta, tras ver vídeos como este, es qué más tendrá que suceder para que esta sociedad despierte de una puñetera vez y empiece a poner a todos estos sinvergüenzas en su sitio.

Una pista: La respuesta, si hacemos caso a las listas de libros más vendidos, se esconde en “Cincuenta sombras de Grey”.

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