domingo, 9 de septiembre de 2012

COPENHAGUE 01



Copenhague es la ciudad perfecta para ver durante uno de esos puentes que hasta ahora teníamos muchos españoles. Tú te dejas caer por allí un jueves por la tarde y, en apenas un par de días, tienes tiempo más que de sobra para recorrerla (por tener, tendrás hasta la oportunidad de cruzar una mañana el estrecho de Oresund y acercarte hasta las ciudades suecas de Malmö y Lund). Con esto no quiero decir que Copenhague se vea rápido o que no tenga excesivo interés. Sigue leyendo y comprobarás por qué.

Para abrir boca te propongo un sencillo recorrido que cruza el centro de la ciudad de sur a norte. En concreto, desde la Estación Central hasta La Sirenita (The Little Mermaid). En línea recta, apenas 3 kilómetros, pero tras los inevitables rodeos andaremos casi el doble.


Comencemos. Nada más salir de la estación, cogiendo Vesterbrogade a la derecha, tenemos a tiro de piedra el Tivoli (1) y Radhuspladsen.

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Como ya te conté en la entrada anterior, la Plaza del Ayuntamiento está actualmente en obras. En fin, puede que eso te impida apreciar un poco su amplitud, pero desde luego no la increíble concentración de rincones bonitos que esconde. Por ejemplo:

(Ayuntamiento de Copenhague). 

Como curiosidad te diré que este edificio logró arrancarme la primera de las muchas carcajadas que he soltado durante este viaje. Y es que, quién podría imaginar que, colocado discretamente en uno de los rincones de su patio interior, iba a toparme con un busto de La Pasionaria?


Luego, al acercarte más, ves que no, que la estatua no es de Dolores Ibárruri sino de Hans Christian Andersen. Pero la verdad es que así, vista de lejos, da bastante el pego, ¿no? Precisamente de este escritor hay otra estatua en uno de los laterales del Ayuntamiento.


En el lado opuesto del Ayuntamiento hay una columna rematada con dos músicos tocando el lur, un curioso instrumento de viento que ya era usado en la Edad de Bronce. 


Y, por supuesto, el Hotel Palace, que a mí me recordaba siempre a Florencia. ¿No le ves también tú cierto parecido con el Palazzo Vecchio?

 

Antes de abandonar Radhuspladsen deberías echar un vistazo a la famosa chica del tiempo, situada en la torre del Rishshuset. 


Dicen que cuando hace buen tiempo la chica del tiempo se asoma a la plaza montada en su bicicleta, y que cuando llueve sale con su paraguas. Lo cierto es que este mecanismo de los años treinta lleva roto bastante tiempo. Lo que sí funciona es el enorme termómetro que hay en el mismo edificio, justo abajo. 

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Una de las calles que nace en la Plaza del Ayuntamiento es Stroget, tal vez la arteria más conocida de Copenhague. Aquí, además de tiendas a mansalva y garitos de comida rápida, podrás disfrutar de mil artistas callejeros. Como éste, que se gana la vida tocando el Bolero de Rabel con botellas de vino.

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Paseando por Stroget podrás descubrir bonitos edificios y plazas. Como Gammeltorv, que alberga el palacio de Justicia o la Fuente de la Caridad. 


Dicen que todos los años, para el cumpleaños de la reina, los daneses cuelgan manzanas doradas de los surtidores. Si te aprieta el hambre, siempre puedes comprar una bandeja de arándanos o moras en alguno de los puestos ambulantes, pero cuidado con esta fruta que parece una extraña variedad de uva. No están malas, pero puede que sus pepitas te acompañen durante el resto del viaje.


Amagertorv es otra plaza, famosa por su fuente de las cigüeñas.



Stroget desemboca en Kongens Nytorv. Al igual que Radhuspladsen está en obras, y aún así es preciosa. Desde allí se divisa Nyhavn (Puerto Nuevo), pero si te parece bien vamos a seguir en línea recta por Bredgade hasta los jardines del Kastellet. Este parque es inmenso y, además del castillo, por nada del mundo deberías perderte el castillo, el molino y la increíble iglesia de St Alban. 


 


Llegado a este punto, y después de mucho andar, por fin tienes a tiro de piedra la estatua de La Sirenita. 


Viendo esta foto tal vez puedas pensar que allí no había nadie en el momento en el que tomé la instantánea, pero lo cierto es que este lugar suele estar siempre muy concurrido. Si no me crees, mira cómo cambia todo cuando ves La Sirenita desde el mar. 


Lo mejor de este lugar, lo educada que es la gente, que no acapara el lugar y se retira en cuanto ha inmortalizado el diminuto monumento en su cámara. Lo mejor de lo mejor, cuando algún gilipollas intenta trepar hasta la misma sirenita para tomarse una foto abrazado a ella, sin tomar conciencia de que:

1)    La Sirenita está en el mar.

2)    Que las piedras sobre las que se sustenta están embadurnadas de verdín.

Dicho esto, imagina cómo son las hostias que, con paciencia, puedes llegar a presenciar allí. Y, sobre todo, la cara que se les queda a los intrépidos cuando, empapados de la cabeza a los pies, emergen a la superficie y sienten las risas de decenas de turistas, mientras sus cámaras inmortalizan el momento.

NOTAS:

(1)  ¿Cutre? ¿Retro? ¿Entrañable? En cualquier caso, recomendable si vas con críos y quieres disfrutar de atracciones como las de antes. Por cierto, los cambiadores de este parque te ofrecen una muestra más del “carácter” nórdico. Apilados junto al cambiador, hay docenas de pañales de todas las tallas, para uso gratuito. ¿Te imaginas lo que durarían esos pañales aquí? No quiero ni pensarlo. 

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