lunes, 26 de diciembre de 2011

SALVANDO LAS DISTANCIAS

Salvando las distancias, para mí todo esto es como esos concursos infantiles de dibujo en los que los participantes se agrupan en torno a un bodegón o una maceta con geranios. Todos los niños tienen una hoja, un lápiz y una goma sobre su mesa. Todos tienen una hora para hacer sus dibujos. Luego, cuando el concurso finaliza y se reúnen los trabajos, el resultado no puede ser más dispar. Lo primero que uno advierte al contemplarlos es que la belleza (o la ausencia de esta) jamás adopta una única forma. También, por supuesto, que la inmensa mayoría de los niños (y, por extensión, de los adultos) carece de talento y son mediocres, previsibles, aburridos. 

Algo similar ocurre con la literatura. Todo el que se pone a redactar una novela parte de una premisa común: tiene una historia que contar. Y no importa que la escriba a ordenador o con bolígrafo, en un ático en Manhattan o en un cercanías atestado de guiris, a tiempo completo o cuando los niños duermen o el jefe no mira. No hablo de tener más o menos fácil todo lo que rodea al acto de escribir. Hablo simplemente de lograr escribir algo bueno o escribir una puta mierda. Porque, si te paras a pensar, tampoco son tantos los temas sobre los que giran los libros que habitualmente lees. Sin embargo, muy pocos de los que se dedican a esto de escribir (de hecho casi ninguno) atesoran en su interior el talento suficiente como para transformar esa historia que quieren contar en una historia digna de ser leída. 

Un ejemplo torpe de cómo un determinado material (una partitura, unos planos o una técnica pictórica) puede enriquecerse o echarse a perder según las manos en las que caiga es la canción “Umbrella”, compuesta por The Dream, Christopher Stewart, Kuk Harrell y Jay Z. Este tema, tras ser ofrecido a Britney Spears y deambular por diferentes sellos discográficos, acabó encabezando el tercer disco de la cantante barbadense Rihanna. 

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(“Umbrella”. RIHANNA)

Lo que sigue a continuación son algunas versiones de “Umbrella” que determinados grupos y solistas han realizado con posterioridad a la de Rihanna. Sobra decir que la música y la letra son las mismas en todos los casos, pero los resultados que cada conjunto consigue con ellas son muy distintos (desde versiones que directamente versionan el video oficial de Rihanna a otras que cantan el tema a capela o lo transforman en un Rock & Roll).

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(“Umbrella”. VANILLA SKY)
 
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(“Umbrella”. THE BASEBALLS)

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(“Umbrella”. MANDY MOORE)

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(“Umbrella”. THE DUKE´S MEN OF YALE)

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(“Umbrella”. COCÓ)


CONCLUSIÓN

Después de escuchar estas versiones me surgen varias preguntas. Por ejemplo, si todos estos grupos habrían mejorado o no sus resultados de haber contado con los medios de los que en su momento dispuso Rihanna. O qué hubiera ocurrido si Rihanna hubiese sido la intérprete de todos los vídeos. Yo, qué queréis que os diga, lo tengo claro. Creo que los habría mejorado notablemente, porque esa tía brillaría hasta en la versión más cutre de Paquito el chocolatero. La razón es que tiene algo que la diferencia y la distancia de lo simplemente bueno o curioso o cutre o grotesco. Eso mismo podría trasladarse a la literatura. Miles de tipos han malgastado, malgastan y malgastarán su tiempo intentando escribir la novela del siglo, pero muy pocos son los que realmente están capacitados para ponerle el punto y final a novelas como “Conversación en La Catedral”, “Los detectives salvajes” o, por citar el último libro que me está fascinando, “Knockemstiff”.

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