jueves, 3 de noviembre de 2011

CUENTOS PARA DORMIR A TU BEBÉ


Todo surge una noche, hace más de cinco años. Son las tres de la mañana. Tengo en brazos a mi hija e intento dormirla con la canción “Un elefante se balanceaba”. El problema, básicamente, es que la canción ya va por ciento cincuenta y seis elefantes se balanceaban (1) y ella sigue con los ojos abiertos como platos. Sus cuatro kilos escasos de peso llevan más de una hora y cuarto rebulléndose en mis brazos, hasta el punto de que los tengo dormidos y me pesan como si físicamente cargara con esa pandilla de elefantes equilibristas que no hace sino aumentar cada 29 segundos. No hay duda, pienso. Necesito cambiar de estrategia. 

Tras darle mil vueltas a la cabeza durante una serie de noches en vela que todavía hoy recuerdo con horror, logro diseñar una nueva línea de actuación a la que encomiendo mi salud y la estabilidad de mi matrimonio: en lugar de cantarle canciones a mi bebé, le voy a hablar. Bueno, más que hablar, le voy a contar. Cuentos infantiles. Pero con trampa. Cuentos tradicionales infectados de sutiles cebos cognitivo-conductuales. Soy consciente de que para hacer esto (además de mis dudosas y cuestionables dotes como psicólogo clínico), necesitaré el apoyo de determinados textos ilegibles, auténticos valiums mentales que, llegado el momento, noqueen a mi neonata en cuestión de segundos. En un primer momento pienso en Lacan (2), pero enseguida temo por la vida de mi hija. Derrida, Bourdieu o Nietzche son nombres que también barajo. Poco a poco, sin embargo, mi elección va decantándose hacia textos más literarios.

Lo que viene a continuación es un ejemplo de lo que intento explicar. Está extraído en parte de una entrevista aparecida en el número de agosto de la revista Quimera (3), y tiene como protagonistas a los escritores y críticos Jorge Carrión y Jordi Gracia, moderados por Roberto Valencia. Por motivos editoriales no puedo copiar completo el cuento (4), pero confío en que la muestra sirva para ilustrar mis desvaríos mentales.

Hace muchos, muchos años, en un Reino llamado Quimera, vivió una princesa de gran belleza llamada Lady Literatura, cuyo amor se disputaban dos de los más valerosos caballeros de la época: Lord Carrión y el Duque de Gracia. Con el fin de dilucidar cuál de los pretendientes era el digno merecedor de los encantos de su hija, el Rey Valencia mandó organizar unas Justas Literarias sin precedentes en el Reino. En ellas, ambos adalides tendrían la oportunidad de desplegar todas las armas dialécticas que tan justo y temido renombre les habían otorgado en todo el territorio de Quimera…

(Lord Carrión y el Duque de Gracia justo antes del inicio de las Justas Literarias)

Normalmente, basta un inicio clásico como este para que los críos se confíen y bajen la guardia. Es entonces cuando, de improviso y como el que no quiere la cosa, ¡¡¡ZAS!!!, la historia vira hacia el ladrillo, se transmuta en una suerte de contenido infumable para un cerebro en los albores de su desarrollo. Sirva como muestra el texto siguiente, que ejemplifica cómo la promesa de un cuento inocente (como el apuntado arriba) puede derivar de sopetón en algo así:

(…)
Por fin llegó el día de las Justas. Una vez acomodados los contrincantes en la enorme mesa de roble, Su Alteza el Rey Valencia les espetó:
¿Cuáles son las aportaciones más importantes de los escritores nacidos en los 40, 50 e incluso los 60?
La gran aportación de ciertos escritores se apresuró a contestar el Duque de Gracia fue instalar las técnicas, las corrientes y las estéticas literarias modernas que habían quedado sepultadas en las dos primeras épocas de la posguerra.
Si yo tuviera que destacar tres grandes características dijo Lord Carrión éstas serían, primero, lo que hacen con la autoficción, con el yo; segundo, cómo integran el ensayo en la ficción; y tercero, su relectura de la literatura occidental.
Si Su Majestad me permite dijo el Duque, yo lo traduciría como la capacidad de convertir esa aclimatación en un producto para el lector medio. Por otro lado, no debemos obviar que el mestizaje de géneros ha tenido una capacidad para engendrar proyectos literarios imprevisibles.
Desde mi punto de vista argumentó Lord Carrión la literatura no tiene reglas. Se basa justamente en la metáfora, en lo indirecto, en el artefacto, en la construcción. De hecho, y sin ir más lejos, la Guerra Civil se ha convertido en un tema de mercado; los premios se dan a novelas sobre la Guerra Civil.
Pero, Milord discrepó el Duque, está usted dando por hecho que no hay una voluntad consciente, ideológica y ética de construir un futuro como escritor a partir de la reelaboración del pasado.
No se vaya usted por las ramas, Excelencia. ¿Qué le parece si en vez de radicalidad hablamos de post-vanguardia?’
¿Y por qué no hacerlo de experimentalismo eficiente? replicó a su vez el Duque.
Porque en determinados casos, su Excelencia, podríamos toparnos con que la evolución es una involución…
―…¿Quiere usted decir, Mylord le interrumpió el Duque de Gracia, que esa situación le produce una sensación de anacronismo? 

(…)

Esto, como ustedes comprenderán, no hay criatura que lo soporte, y el estado de sopor y abulia semisuicida en el que los bebés ingresan es de tal magnitud que las nueve o diez horas ininterrumpidas de sueño no se las quita ni dios (5). De hecho, estudios psicológicos realizados por un servidor sobre cuatro sujetos con edades comprendidas entre los diez y los doce meses demuestran de modo fehaciente que el adormecimiento basado en textos crítico-literarios es significativamente más eficaz que el producido por la interpretación de canciones infantiles, tal y como se refleja en el siguiente gráfico:


(Eje de abscisas: sujetos de estudio (por sexo y edad). Eje de ordenadas: tiempo (en minutos) transcurrido desde que comenzamos la acción relajante hasta que el neonato se duerme. Como puede observarse, las variables sometidas a comparación en este caso particular son, junto al cuento quimérico que acabamos de explicar, la canción “Un elefante se balanceaba” y un popurrí con algunas de las canciones infantiles más conocidas.

No obstante, me veo en la obligación de avisar a los posibles usuarios interesados que estas técnicas (aunque, como ya he dicho, han sido concienzudamente validadas en el laboratorio ―alcanzando, según que ítems, cotas de fiabilidad de hasta el 97%―) no están exentas de tenues aunque molestos efectos secundarios (como parpadeo espastósico, bruxismo moderado y/o babeo asintomático), por lo que es aconsejable una exposición paulatina y periódica a este tipo de cuentos, en la que el incremento de la dosis se produzca sólo y exclusivamente tras haber sopesado que los eventuales riesgos cerebrales producidos en el neonato van a ser compensados por los beneficios que para los padres supondrá una noche de sueño reparador.



NOTAS:

1.    No exagero, de verdad. La situación, llegado a este punto, es tan desesperante que me cuidaré de hacer bromas al respecto. Como dicen por aquí: “que no te pase…”.

2.    En concreto, es el Seminario 4 “La relación de objeto” el texto que inmediatamente me viene a la cabeza. 

3.    Entrevista de Roberto Valencia: “Binomios: Tradición y experimentación. Una conversación entre Jordi Gracia y Jorge Carrión”. Revista Quimera. Número 332. Julio-Agosto 2011 (páginas 16 a 24).

4.    Los derechos de este relato, junto a otros diecisiete que componen un volumen titulado “La muerte de Papá Noel”, están en manos de una minúscula editorial suiza (4.1.) que por contrato me impide reproducirlos en su totalidad hasta seis meses después de su salida al mercado helvético.

4.1. De ahí mi viaje estival a Basilea y Zúrich (4.1.1.). 

4.1.1. Qué se creían, ¿que estaba de vacaciones? (4.1.1.1.).

4.1.1.1. Vamos, hombre, con lo bien que se está en Torrevieja (con sus palmeritas, sus urbanizaciones semidesiertas, su Dialprix con los estantes abarrotados con algunas de las mejores sidras que he probado jamás…).



5.    Gracias a este tipo de cuentos, junto a las técnicas de incremento de la eficiencia lectora (de las que ya hablé aquí) uno ha podido compaginar con cierto éxito la paternidad con otras facetas de su yo (como el sexo marital, el adiestramiento de galápagos de Florida (para más información, pinchar aquí) o la reproducción por semillas del Echinofossulocactus pyllacanthus v. violaciflorus).

2 comentarios:

José Luis Amores dijo...

No me hables, ¡¡dios!!, no quiero recordarlo. ¿Y dices que con Quimera se duermen? No se me había ocurrido, aunque ya da lo mismo. Quizá lo pruebe conmigo mismo, que cada día me acuesto más tarde y sigo levantándome a la misma hora. Quimera, ¿eh? Vale, apuntado.

Abrazo.

JUAN ALMOHADA dijo...

Caen fritos, José Luis.
Con adultos sólo he probado el método conmigo, y la verdad es que caigo como un tronco. Aunque, qué puede esperarse de un tipo que lleva toda su puta vida estudiando y no entiende ni el 5 % de las cosas que lee...