miércoles, 26 de octubre de 2011

D(g \circ f)(x) = D(g)(f(x)) \circ D(f)(x).

Supongo que todo se debe a la acumulación de noticias vistas o leídas durante estos últimos días.

El vídeo de la niña china atropellada en mitad de la calle. 

La muerte de Simoncelli. 

El linchamiento, asesinato y posterior exposición del cadáver de Gadafi.

Sólo tres ejemplos…

Hace años tuve que estudiar que el ser humano se construye en sociedad. Que sólo conociendo a los demás uno consigue conocerse a sí mismo. Que somos seres sociales por naturaleza. Algo similar llevo años leyendo en los manuales y etnografías de antropología.

Pues qué bien, pienso.

En China muchos ciudadanos deniegan el auxilio a una niña de dos años moribunda porque temen que la justicia los pueda señalar luego a ellos como culpables y causantes de la desgracia que intentan evitar.

Un grupo de rebeldes libios capturan a su dictador y hacen con él lo mismo que él ha venido haciendo con ellos durante décadas.

Marco Simoncelli se mata en el circuito de Sepang y al momento proliferan como setas decenas de comentarios en muchos diarios, insultándolo y alegrándose de que la haya palmado.


En 1971, Philip Zimbardo (investigador de la U. de Stanford) dirigió un estudio sobre roles sociales. Básicamente, reclutó a una serie de voluntarios que debían desempeñar durante un tiempo determinado el rol de guardia o prisionero en una cárcel ficticia. Antes de finalizar la primera semana tuvieron que suspender el experimento, anonadados por las humillaciones y agresiones que los falsos guardianes infringían sin parar a los falsos prisioneros.


Una mujer de mediana edad a una joven de unos dieciocho años. En la puerta del Mercadona. Ayer. “Tú matricúlate en Derecho, que si te va mal siempre puedes hacerte Maestra”.

Esas son las marchas...

miércoles, 12 de octubre de 2011

LECTURAS EN EL BAÑO (Octubre 2011)

A ver... Se trata de ir colgando en el blog (de tarde en tarde) una fotografía de mi lavabo/estantería, que sirva como excusa para intercambiar algunas impresiones acerca de los libros allí apilados. 


Los seis títulos con los que hoy empezamos esta sección son: 

(Editorial errata naturae)

Pasar el invierno” es un libro de relatos escrito por Olivier Adam. Llegué hasta él durante uno de mis escarceos nocturnos por los catálogos de aquellas editoriales susceptibles de hacerme tilín. Hasta la fecha no había leído nada de este autor, pero si el libro termina como ha comenzado tendré que ponerme a ahorrar para comprar “A la intemperie” y “La constancia del corazón” (El Aleph).

(Editorial Lengua de Trapo)

Residuos” de Tom McCarthy. La adquirí hace un par de semanas vía Amazon, fruto de una reseña leída en el blog de crítica literaria Bolmangani. Confieso que no me lo pensé demasiado a la hora de comprarlo, en parte porque el tema me produjo cierta curiosidad y en parte porque me fío bastante del criterio de José Luis. Lo cierto es que por culpa de este libro llevo dos días que es llegar del trabajo y encerrarme en el lavabo bajo excusas variopintas que (permítanme el chiste fácil) ya empiezan a olerle regular a mi santa.

(Editorial Seix Barral)

Historia de Mayta” es uno de mis libros favoritos de Mario Vargas Llosa (lo que equivale  a decir que es uno de mis libros favoritos. Así, a secas). No sé cuántas veces lo habré leído. De ser escritor mataría por escribir la milésima parte de lo bien que escribe este tío. De verdad, uno se topa a diario en los blogs y revistas literarias con tanto autor imprescindible cuyos textos no le llegan ni a la punta de los zapatos a esta novela que tener siempre cerquita algún buen libro como este te ayuda a entender y organizar mejor todo este circo.

(Editorial Hiperión)

Flores en la cuneta” de Alejandro Céspedes. Creo que no exagero si digo que, hoy por hoy, es el poemario que más ganas tenía de leer. Su digestión me está resultando dura por momentos, pero sin duda el proceso está mereciendo la pena. De Céspedes con anterioridad sólo había leído “Las palomas mensajeras sólo saben volver”, pero empiezo a entrever en su obra una determinada forma de hacer poesía con la que me identifico y disfruto con mayúsculas.

(Punto de Lectura. Lengua de Trapo)

Mala suerte” de Juan Aparicio Belmonte. Me decidí a comprar esta novela porque disfruto  mucho con el humor y la ironía que destilan los tuits de su autor. Sin embargo, ser genial en 140 caracteres no garantiza  siempre serlo en 245 páginas y la historia hasta el momento no está logrando engancharme. De modo que o mucho mejora la cosa o me temo que este libro volverá a la estantería antes de que un servidor llegue a su punto final.

(Círculo de Lectores)

París era una fiesta” es una novela que Ernest Hemingway escribió entre 1957 y 1960. Es la tercera vez que acometo la empresa de intentar leerla y, la verdad, no sé si voy a hacer bueno eso de que a la tercera va la vencida. Puede que no guarde mucha relación, pero últimamente pienso mucho en el papel de los traductores, en hasta qué punto el grado de satisfacción de las novelas que leo de autores extranjeros pueda estar condicionado  (y, si lo está, en qué medida) por su traductor. Por ejemplo, no deja de ser curioso el hecho de que la obra de algunos de los autores norteamericanos que más me han gustado últimamente  (David Foster Wallace y Denis Johnson) haya sido traducida por Javier Calvo. Supongo que algo (o mucho) tendrá que ver él en todo este asunto.

sábado, 1 de octubre de 2011

DAVID FOSTER WALLACE: ALGO SUPUESTAMENTE DIVERTIDO QUE NUNCA VOLVERÉ A HACER

Movido por el afán por conseguir hacer de este páramo un lugar con cierto halo literario, inicio hoy una nueva sección bajo el título de "Críticas a contrapelo". La idea es contagiar (1) al visitante del entusiasmo provocado por la lectura de algunas de las  obras que me han dejado huella como lector. Dicho esto, comienzo esta sección con el delicioso libro de David Foster Wallace “Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer”, sin saber (para qué engañarnos) cual será la periodicidad de este disparate. Y es que entre los enanos, la antropología y que soy de natural olvidadizo e inconstante (amén de medianamente mayorcito como para ir haciendo el gilipollas a todas horas), no me atrevo a pronosticar la fecha de publicación de la siguiente crítica. Me queda al menos el consuelo de saber que (como dicen por aquí): “lo poco gusta, lo mucho cansa”.

video

(1) Curiosa la elección de verbo que acaba de realizar mi inconsciente, condicionada sin duda por mi congestionado y febril estado actual, y que en circunstancias normales posiblemente se habría decantado por formas más asertivas como “compartir” o “comunicar”.