viernes, 23 de octubre de 2009

MAGNERS PEAR


Puede que sea su sabor (que para mí lleva siempre asociados un puñado de gratos recuerdos), o quién sabe si serán la distancia y la lejanía las que acentúan el encanto de cada sorbo. El caso es que hay pocos placeres equiparables a una pinta helada de Magners, y encontrarla de repente en la carta de algún irlandés o en una licorería de la costa constituye todo un descubrimiento. Como lo es la nueva Magners Pear, que anoche tuvimos el privilegio de probar, y cuyo sabor, al recordarlo, todavía me produce multiorgasmos.

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