martes, 30 de junio de 2009

EL DAILY TALK


En un mundo donde la información vuela gracias a Internet resulta curiosa esta fotografía de Erik Hersman, que nos muestra el “Daily Talk”, un periódico que el liberiano Alfred Sirleaf edita a diario frente a su cabaña de madera. Gracias a su esfuerzo todos en Monrovia están bien informados. Incluso los vecinos que no saben leer, porque al parecer Alfred ha ideado un sistema de signos para facilitar a estos su comprensión. Curioso, ¿no?

lunes, 29 de junio de 2009

UNA DE TUNNING

Durante este fin de semana ha habido a doscientos metros de mi casa una concentración de coches tuneados, todos con sus altavoces descomunales, sus luces fluorescentes y sus retrovisores lacados. A un servidor, que no entiende de marcas y prestaciones, y para el que conducir es poco menos que un mal menor a evitar siempre que sea posible, le ha llamado la atención este vehículo, estacionado a la entrada de dicha concentración:

domingo, 14 de junio de 2009

TURIN

En su momento me llamó mucha la atención esta colección de cuadros que encontré en una iglesia del centro de Turín, en marzo del año pasado. Por lo que me contaron, se trata de dibujos que la gente dona a la iglesia después de haber salvado su vida de puro milagro. Si os fijais bien, podréis advertir que el tema de todos los cuadros está relacionado con un accidente, una enfermedad, un bebé que se recupera milagrosamente, etc.

miércoles, 10 de junio de 2009

DESCANSA


descansa
mi vida
tranquila
descansa que no es nada
apenas el tiempo
pasando de largo


(Oleo de Julio Puentes)

martes, 2 de junio de 2009

UN INSTANTE DE GLORIA

Ella era despampanante, y él estaba demasiado necesitado como para permanecer impasible ante tanta belleza. Tal vez por eso cuando el sacerdote invitó a los feligreses a darse la paz a Félix se le abrieron las puertas del cielo, y tras estrecharle con urgencia la mano a la anciana de su izquierda se abalanzó sin piedad sobre la muchacha. Yo estaba allí, y soy testigo de que nadie en la iglesia se atrevió a decir nada al ver como la arrinconaba contra una columna y le arrancaba la ropa a tirones, ni cuando, instantes después y ya metidos en faena, comenzaron a advertirse los primeros indicios de que ella consentía aquel libidinoso arrebato de su compañero de banco. Mientras tanto, la gente murmuraba y se agolpaba alrededor de la pareja, con expresión de profundo desconcierto. Por fin, doña Ernestina reunió el valor suficiente e instó a voces al sacerdote para que hiciera algo. Fue entonces cuando toda la iglesia volvió la cara hacia don Ramón, que, concentrado en aquella insólita escena y con la sotana remangada, se masturbaba con violencia detrás del púlpito.