lunes, 2 de marzo de 2009

TIPOS Y TIPOS

Siempre he sido de la opinión de que en la vida hay, básicamente, dos tipos de personas: las que hacen cosas y las que se pasan la vida mirando las cosas que hacen las primeras. No sé, por un lado están aquellos que salen en la tele o en los periódicos porque han ganado una medalla, han salvado cien vidas, han descubierto una vacuna o han coronado varios ocho mil. Y luego estamos los que vemos, leemos o escuchamos esas noticias. Hay gente que actúa y gente que mira. Yo denomino a estos dos grupos “Emprendedores” y “Pasivos”. Y, dentro de los que miran, de los pasivos, suelo diferenciar dos subgrupos: el de los “pasivos acomodados”, que no aspiran a nada y son felices así, y un subgrupo que denomino “pasivos soñadores”, que aunque pasivos, tienen como máxima aspiración llegar a ser algún día como los emprendedores. El problema en estos casos es que no tienen la fuerza de voluntad necesaria para conseguirlo. Son todos aquellos tipos que quisieran escribir un gran libro o sacar la nota más alta en unas oposiciones, pero que les falla la constancia, la voluntad, el esfuerzo para conseguirlo. La perseverancia. Pues bien, de un tiempo a esta parte estoy sopesando muy seriamente la posibilidad de añadir a éstos un nuevo grupo, que quedaría encuadrado entre los “Emprendedores” y los “Pasivos”. A grandes trazos estaría compuesto por todas aquellas personas que aparentan ser como los “Emprendedores” pero que realmente son “Pasivos” de manual. Todavía no tienen nombre. Provisionalmente yo los denomino “Enterados”.
A continuación os dejo unos dibujos que enlazan un poco esta perorata con la innovación en la educación. Y es que no es raro encontrar últimamente dentro de la enseñanza a retrógrados cantamañanas reconvertidos en abanderados de la innovación. La tiza y el libro de texto son hoy un powerpoint o una pizarra digital, pero la actitud y el mensaje son los mismos.





2 comentarios:

Anónimo dijo...

ala, yo conozco a un "enterado" de esos. lo has descrito exactamente. monica

Juan Almohada dijo...

Abundan más que las amapolas, hermana.
Te quiero mucho.