sábado, 20 de agosto de 2016

SOMETHING I HEARD TJ SAY

"Think dyin´s tough...
  Dyin´ain´t shit
  The hard part is living
  While the dying´s going on."

 O

 Creemos que morir es duro,
 pero morir es lo de menos.
 Lo difícil es seguir viviendo
 mientras todo muere
 a nuestro alrededor.



("Chump change", de Dan Fante. Sajalín Editores. Traducción de Claudio Molinari Dassatti)

viernes, 15 de julio de 2016

MI PRIMO, MI GASTROENTERÓLOGO, de MARK LEYNER



Las doce de la mañana en la piscina municipal y por momentos no sé si “Mi primo, mi gastroenterólogo”, de Mark Leyner es una delicia o una puta mierda. Lo único cierto es que no puedo parar de leer, que mis críos pululan alrededor mía en busca de un poco de atención y yo ando muy lejos de este rectángulo de césped atiborrado de Pieris brassicae y MILFs espectaculares. Pasan los minutos y, la verdad, no sé si deambulo a la caza de una trama empeñada en escurrírseme entre los dedos, o tan solo aguardo impaciente el encontronazo con el siguiente párrafo genial y descabellado. No, amigo, por más que me esfuerzo, soy incapaz de discernir con un mínimo de coherencia y claridad qué es este artilugio de 185 páginas que sostengo entre mis manos y no puedo soltar. No puedo. No pued… No…

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(Mark Leyner)
Si el Océano Pacífico estuviera lleno de ginebra, ¿cuál sería, en términos proporcionales de volumen, el lago de vermut necesario para obtener un Martini seco?



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Todos nosotros somos psicóticos larvarios.



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Al poco la psicopatología reemplazó a la etnicidad como factor crítico demográfico determinante. Ya no hubo barrios italianos, ni barrios cubanos, ni barrios irlandeses o griegos. Hubo barrios anoréxicos, y barrios narcisistas, y barrios maníacos y compulsivos. Ya no hubo desfile del Día de la Hispanidad ni desfile del Día de Puerto Rico; hubo desfile del Día de los Agorafóbicos. La Quinta Avenida cubierta de barricadas policiales, el tráfico desviado. Pero, por supuesto, la ruta designada estaba vacía, totalmente desolada, puesto que los que iban a desfilar, los espectadores, incluso el mismo Presidente del Desfile —agorafóbicos todos y cada uno de ellos— no habían asistido, cada uno encerrado en el interior de la «seguridad» de su hogar.



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Por suerte para nosotros, Bev se distrajo por otro litigio que había iniciado recientemente. Bev era logopeda. Tenía un paciente de doce años llamado Bob. Bob se había quedado un día en la escuela frente a su clase de retórica dando una charla improvisada. La tarea que se le había asignado consistía en describir la conducción por la Interestatal 80 a su paso por el Medio Oeste. De repente Bob dejó de hablar correctamente. Había sufrido una especie de afasia espontánea. Aunque no era una afasia total, podía hablar, pero sólo con un estilo telegráfico entrecortado. Así es cómo describió la conducción a través del Medio Oeste por la Interestatal 80: «Maíz maíz maíz maíz un Stuckey´s. Maíz maíz maíz maíz un Stuckey´s». Sus padres lo llevaron a un hospital donde le hicieron un TAC y una resonancia magnética y una tomografía por emisión de positrones y una angiografía de substracción digital y no encontraron nada. Así que lo llevaron a que lo viera una logopeda. Bev. Un día, Bob estaba en una sesión con Bev cuando una cigarra avanzó hasta el centro del suelo de la consulta y de alguna manera señaló a Bob. Si utilizó las patas para comunicarse vía lengua de signos o exudó algún tipo de feromona, no se sabe. Pero Bob estaba curado. Comenzó a hablar con frases completas, diciendo cosas como: «Oh, sí, con respecto a la Interestatal… Mientras la prostitución constituye la mercantilización del deseo, el intercambio en la cabina de peaje constituye la erotización de la movilidad mercantilizada: el intercambio táctil de monedas, un punto de encuentro nocturno en la autopista, aunque también una vigilancia, una norma», etc. etc. Bev estaba encantada con la cigarra y decidió quedársela como mascota. Un día, Bev descubrió un bulto en el tórax de la cigarra. La llevó a que la viera el mejor dermatólogo entomólogo de Kansas City, quien dijo que se trataba de un tumor benigno. Dijo que lo quemaría allí mismo, en la consulta, utilizando una lente de aumento y la luz del sol. Pero mientras realizaba el procedimiento, algo le distrajo y perdió momentáneamente el control del rayo solar aumentado y el bicho acabó incinerado. Bev lo demandó por negligencia.



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Tienes que leerlo, pero YA!!!
 
"Mi primo, mi gastroenterólogo", de Mark Leyner. Ed. Pálido Fuego. Para más información, pincha aquí.

sábado, 16 de abril de 2016

"UNA SÚPER TRISTE HISTORIA DE AMOR VERDADERO", de GARY SHTEYNGART

Me enteré de la existencia de Gary Shteyngart hará cosa de dos meses, por casualidad, gracias a un enlace que encontré en Twitter al vídeo de promoción de “Little Failure. A Memoir”, editada en España por Libros del Asteroide, con el título de “Pequeño fracaso. Memorias”. 

video


 Apenas dura cuatro minutos, el tiempo justo para engancharte a este personaje  que derrama su pena y frustración sobre su novio (James Franco) y su psicoanalista (Jonathan Franzen), que, al menos en mi caso, me dejó con una curiosidad enorme por leer algo de este desternillante tipo. Al final, después de un rato buscando por Internet, conseguí hacerme con la tercera de sus novelas: “Una súper triste historia de amor verdadero” (Editorial Duomo), una locura de libro que, lo digo desde ya, me ha fascinado.


Pero, ¿de qué va esta novela? Simplificando mucho, podríamos decir que cuenta una historia de amor (¿verdadero?) en mitad de un mundo que se hunde en la mierda. 

Vale, pero… ¿y qué mundo es ese?

Básicamente, un mundo en el que:
  • Estados Unidos ya no es una superpotencia y debe a China sesenta y cinco billones de dólares vinculados al yuan (p. 198).
  • Además, el dólar no para de sufrir una devaluación tras otra. Esto hace que 1 euro se canjee por 8,64 dólares y 1 yuan por 4,90 (p.103).
  • La mayoría de la población estadounidense son IBI (Individuos de Bajos Ingresos), que apenas tienen para comer, no consumen y malviven en tiendas de campaña en Central Park, mientras las plantas superiores de los rascacielos de Manhattan han sido reconvertidas en bonitas residencias para gente con apellidos árabes, asiáticos o noruegos (p. 385). 
  • Desde hace años gobierna el Partido Bipartito (el único que existe), y el país vive sumido en un estado policial en el que las libertades de los ciudadanos han quedado reducidas a su mínima expresión. Como muestra, la pregunta que suele hacer la guardia a los ciudadanos: "¿Niega la existencia de esta conversación pero la consiente?" (p. 145)
  • Por si esto fuera poco, el ejército de Estados Unidos acaba de ser vapuleado en Venezuela (una suerte de “Vietnam” del siglo XXI).
  • Y, sí, como ya habrás deducido, China es la puta dueña del mundo.
(Gary Shteyngart)


Más allá de todo esto, el mundo en el que se desarrolla esta historia es un mundo en el que los libros son una auténtica rareza. De hecho, a la gente no se le enseña a leer textos, sino a escanearlos en busca de información relevante. Estamos, pues, en una era posliteraria. 

Una era visual (p. 341).

En la que todos los aspectos de la vida de cada persona están por completo expuestos al resto de mortales. No hay secretos. Para entenderlo, basta con echar un vistazo a la moda, a esos pantalones PieldeCebolla que usan las mujeres jóvenes, tan transparentes que muestran el trasero y los labios vaginales (p. 257). O los famosos sujetadores Saami de pezones al aire libre, el último grito de la firma CulosLujosos. O, por supuesto, los sugerentes vestidos de coctel de ChochoJugoso (p. 256).

(Fotografía de la contraportada de "Una súper triste historia de amor verdadero")
Pero, sin duda, lo que encadena y tiraniza con mayúsculas al ser humano de la sociedad que nos pinta Shteyngart es el äppärät, una especie de iPhone superevolucionado que lo chiva absolutamente TODO de ti: tu dirección, la media de tus ingresos durante los últimos cinco años, tu tipo de sangre y presión sanguínea, tu edad y la perspectiva estimada de vida, tu nivel de colesterol o depresión. No sé… Tú estás en un pub, rodeado de tías, y cualquiera de ellas puede saber con su äppärät quienes son tus padres o cuál es tu nivel de riqueza, tu perfil de consumidor, o si eres heterosexual u homosexual (p. 114). Por supuesto, también cuál es tu grado de follabilidad. O, dicho de otro modo, qué lugar ocupas entre las preferencias sexuales de todas las tías que hay en el pub en ese momento.

No, amigo, no hay forma de escapar de esta “forma de vida evolucionada”. Te controla el gobierno. Te controla la sociedad. Incluso tu novia, que gracias a GlobalTracing puede conocer en todo momento tu ubicación real (p. 262).

Todo esto se viene totalmente abajo tras la “Ruptura”, cuando todas las comunicaciones se caen y los äppärät dejan de funcionar. Durante meses (hasta que el gigante de las telecomunicaciones noruego TeleNor restaura las conexiones) el vacío existencial es tan brutal que muchos ciudadanos incluso empiezan a  suicidarse, amargados porque de repente han perdido su lugar en el mundo y ya nadie les otorga una puntuación (p. 333).


(Portada norteamericana de "Una súper triste historia de amor verdadero")


Pero, dejemos ya el escenario y centrémonos en la historia.

En la historia de amor.

Una historia de amor que arranca en Roma y se desarrolla y muere en Nueva York, y que tiene como protagonistas a Lenny Abramov (un judío norteamericano que se acerca peligrosamente a la cuarentena, esa época de la vida en la que los cuerpos optan por “desparramarse o encogerse” (p. 107)) y a Eunice Park (una preciosa y superficial y consumista jovencita coreana que no sabe muy bien qué hacer con su vida). 

Una historia de amor con fecha de caducidad, que el autor reconstruye tomando como referencias el diario del propio Lenny y las conversaciones que Eunice mantiene en el chat de GlobalTeens con su hermana, su madre o alguna amiga de esta. 

Una historia de amor que, con todas sus imperfecciones, destaca en un mundo en el que la mayoría de la gente se junta por un motivo tan obvio como intemporal: porque resulta algo menos doloroso que estar solos (p. 300). 

Tan interesante como la relación de Lenny con Eunice es el trabajo que este realiza en Staatling-Wapachung, una corporación que se dedica a proporcionar la inmortalidad de sus clientes a base de costosísimos tratamientos de descronificación, que incluyen, por ejemplo, auténticos ejércitos de nanorrobots autónomos trabajando dentro de tu cuerpo, extrayendo nutrientes, suplementando, copiando, reprogramando, cambiando sangre, destruyendo bacterias y virus dañinos, controlando e identificando patógenos, reconstruyendo tejido blando y reparando tu ADN (p. 155 y 268). 

La idea que subyace a todo esto es que la vida eterna es la única vida que merece la pena. Todo lo demás no es más que una polilla revoloteando en torno a la luz (p. 339).
 
(El rincón "Shteyngart" de la biblioteca familiar)


Por lo demás, “Una súper triste historia de amor verdadero” está llena de pasajes excepcionales, que demuestran por qué Gary Shteyngart está considerado uno de los mejores escritores norteamericanos actuales. Ahí van algunos ejemplos:

“Mi padre murió a unos ochenta kilómetros al norte de Karachi. Era un tirador, y esos son siempre los cabrones más duros. Pero en el último mensaje que me llegó de él justo antes de que se lo cepillaran en una emboscada, lo que me decía básicamente era: David, eres un soñador y un inútil, y no te vas a aclarar en la puta vida,  yo siempre combatiré todo aquello en lo que crees, pero también te digo que nunca querré a nadie como te quiero a ti, así que si algo me sucede, tú sigue a lo tuyo.” (p. 219).

O:

“…sabemos que solo se nos conceden unos ochenta veranos en toda nuestra existencia, más o menos, y cada uno de ellos tiene que ser mejor que el anterior…” (p. 221).

O este momento impagable, cuando Joshie (el jefe de Lenny) se justifica y se lava las manos ante el asesinato de Noah (uno de los mejores amigos de nuestro protagonista). Un instante infame y cruel que hace que el mundo de Lenny se tambalee, y que Shteyngart describe así:

“Tosí, tapándome la boca con la mano, mientras un dolor helado recorría mi cuerpo, como si me hubieran clavado un iceberg en el ano”

Y ya me callo, amigo, aunque no sin antes animarte a que compres y devores esta divertidísima y triste novela de amor. 

Estás tardando.